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Etiquetas: Frases
La oruga
Te he visto ondulando bajo las cucardas, penosamente, trabajosamente,
pero sé que mañana serás del aire.
Hace mucho supe que no eras un animal terminado
y como entonces
arrodillado y trémulo
te pregunto:
¿sabes que mañana serás del aire?
¿te han advertido que esas dos molestias aún invisibles
serán tus alas?
¿te han dicho cuánto duelen al abrirse
o sólo sentirás de pronto una levedad, una turbación
y un infinito escalofrío subiéndote desde el culo?
Tú ignoras el gran prestigio que tienen los seres del aire
y tal vez mirándote las alas no te reconozcas
y quieras renunciar,
pero ya no: debes ir al aire y no con nosotros.
Mañana miraré sobre las cucardas, o más arriba.
Haz que te vea,
quiero saber si es muy doloroso el aligerarse para volar.
Hazme sabersi acaso es mejor no despejar nunca la barriga de la tierra.
Etiquetas: Revistas
"decir me acuerdo de ti es estar diciendo
todo el día te olvido salvo en pequeños momentos"
Eso decía Hector Hernandez Montecinos.
náusea de bestia"Yo era lo que sigo siendo, una tímida atrevida. Soy tímida, pero me lanzo."
Clarice Lispector
Etiquetas: Reveleciones
¿ésos son los fantasmas que me persigo hoy mismo / a mi edad ya / como cuando nadaba en tu agua? / ¿de ahí me viene esta ceguera, la lentitud con que me entero, como si no quisiera, como si lo importante siga siendo la oscuridad que mea bajo tu vientre o casa?/ ¿la tiniebla de grande suavidad? / ¿dónde el lejano brillo no castiga con mundo piedra ni dolor? / ¿es vida con los ojos cerrados? / ¿por eso escribo versos? / ¿para volver al vientre donde toda palabra va a nacer? / ¿por hilo tenue? / la poesía ¿es simulacro de vos? / ¿tus penas y tus goces? / ¿te destruís conmigo como palabra en la palabra? / ¿por eso escribo versos? /¿te destruyo así pues? / ¿nunca me nacerás? / ¿las palabras son estas cenizas de adunarnos? /¿nos separaste muchas veces? / ¿eran separaciones? /¿formas para encontrarse como primera vez? /¿ese imposible nos hacía chocar? / ¿eso me reprochabas en el fondo? / ¿por eso eras tan triste algunas tardes? / tu tristeza me era insoportable /a veces quise morirme de eso todavía / ¿ya tenía mi pedazo de vida para ocuparme de él? / ¿como animal cualquiera? / ¿ya soy triste por eso? / ¿por tu tristeza ofende la injusticia / escándalo del mundo? /
Extracto de Carta a mi madre, de Juan Gelman
"Aprendo a ver. No sé porqué, todo penetra en mí más profundamente, y no permanece donde, hasta ahora, todo terminaba siempre. Tengo un interior que ignoraba. Así es desde ahora. No sé que es lo que pasa."
Rilke, Los cuadernos de Malte Laurids Brigge
Una poética de lo menor
Sobre la poesía de Carlos Battilana
Copio algunos fragmentos del ensayo que escribí para Plebella:
... podemos pensar que el hilo que recorre toda su obra es la incertidumbre como estado permanente.
(...)
En El fin del verano el yo poético ordena las cosas a su alrededor como en un intento de restaurar un orden perdido. Quizá de forma paradójica, por un lado se muestra rendido, sucumbe ante todo, incluso frente a la eficacia de las palabras, y por el otro, en lo único que cree es en la palabra, de manera tan cierta que hasta la naturaleza participa en su afán de domesticarla: “el viento trabaja/ a mi favor”. Así, frente a la imposibilidad de las cosas, frente a los hechos que avanzan, la memoria parece ser la única capaz de restaurar ese orden mítico, perdido: “Reúno escenas en las que hilos de un espejo me sorbían”. Las acciones consisten en cosas mínimas, orientadas a la búsqueda de un estado de calma, pero la calma es algo que difícilmente pueda alcanzarse; el texto muestra una tensión en la que a veces parece avecinarse una fatalidad: “Los hechos se destrozan con el tiempo/ y nada los vuelve/ posibles.”
(....)
Tal vez El lado ciego intente responder ciertas cuestiones que fueron abiertas en El fin del verano. Mediante la pregunta “¿Qué otra intención al desgano perdura a mi silencio?” el yo poético se abre paso a una serie de respuestas acerca del lugar al que nos conduce ese agotamiento, enmarcado entre lo físico y lo espiritual. Pero, ¿qué hay detrás de la figura de la debilidad? ¿Qué hay detrás de ese aparente desgano, esa inmovilidad pasiva frente a los acontecimientos que suceden alrededor de uno? Frente a un sujeto sin fuerzas, la figura de la debilidad se convierte en una abstracción que muestra otra cara.
Pensar en la incertidumbre es también pensar en la pérdida del control; ser débil es también darse cuenta de lo efímero y lo pequeño de la vida humana y el sujeto poético, frente a esto, no puede reaccionar: “Si mira el entorno, desfallece.”; “Si respira un poco más, desfallece.” El verbo desfallecer en este contexto es acaso la pérdida de esperanza o quizá, la búsqueda de lo menor: “En otoño es cuando está bien. Porque todo se achica.” Pero el sujeto poético no sucumbe sino que sigue intentando: “Cubre de lisa perfección todo aquello que lo intimida.”
(...)
La debilidad sería como caer en el vacío, pero habitar ese vacío es a la vez la única solución posible para el yo lírico. Uno de los principios del Tao Te Ching de Lao Tsé es justamente ese, mantener la quietud, no oponerse a las cosas sino dejar que las cosas sucedan (ese estado se denominaría wu-wei). De esta manera, la filosofía oriental concibe el estar quieto como algo superior, ya que en ese estado, todo el resto de las cosas acontece. Frente al sujeto inmóvil que aparece en los poemas avanza sin embargo el tiempo de la escritura; y en ese modo casi inhumano de avanzar hay un intento de ordenar algo imposible: “Con las letras de las palabras, ordena el mundo. Pero el mundo está hecho de materias, de desvíos, de bloques irrespirables.”
(...)
Pareciera que el único orden posible es el de la literatura. El verso “Leo a Pasolini, ordeno.” nos muestra, no sin cierta ironía, una secuencia en la que después de la lectura viene la claridad. Sin embargo, en la medida en que el hablante toma conciencia de la importancia de la escritura aparece el terror a nombrar: “y mientras otros / han hablado, han anotado / su nombre en un lugar, / yo todavía, horrorizado por la espera, / declino / con ansia.” Nuevamente la situación es de inacción, ante el horror de la espera, el sujeto poético renuncia a la tarea de escribir. El motor de la escritura es entonces encontrar qué es lo que rodea a ese padecimiento: “Calibrar / con precisión/ aquello / que como un gusano / roe / lo más preciado / del dolor”.
(....)
La tarea que se intenta llevar a cabo en los poemas quizá sea una progresiva internación en un clima espeso; buscar en lo minúsculo, en lo imperceptible, lo grande: “Hace del instante su mayor tesoro” (El lado ciego). Ya en la Poética del espacio Bachelard nos mostraba que “en la miniatura los valores se condensan y se enriquecen”.
Nos enfrentamos a una descripción realista de los hechos, que descree de los adjetivos: “Sobre el fin de la calle / rumbo al cuartel / hay un asador” y la descripción discurre lentamente hacia el espacio de la familia, la micropolítica. La mirada es lírica: “No hay nada que temer / estamos abrazados por el campo” / el mundo acontece en ese punto / minúsculo del universo”. “Ese punto minúsculo del universo” se transforma en el recuerdo de la infancia que entra en consonancia con lo que una vez contaba Arnaldo Calveyra: “cosas que me pasaron durante la infancia me están sucediendo recién ahora.”
(....)
La escritura, entonces, aparece en el momento de la elaboración de los hechos. No importa tanto la anécdota sino el recuerdo de esa anécdota, por más que sea incompleto. Es justamente en esa incompletud, en esa elección azarosa en la que se le da más importancia a un hecho frente a otro donde se intenta llegar a lo real. En los poemas de Battilana vemos que es en el recuerdo donde aparece lo real: “recreo el instante/ en que mi padre/ distribuye la carne”. El sujeto poético habita un presente donde nos muestra cómo es posible convivir con la incertidumbre cuando la única herramienta que se tiene a mano es la escritura. Hay en los poemas intentos desesperados por definir la incertidumbre, intentos que se saben fallidos de antemano, pero que a pesar de todo atraviesan la incompletud del lenguaje.
Nurit Kasztelan


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Hay deudas, hay mandatos. Unos pocos buenos amigos no es narrada por Luis Ospina ni es confesional y, sin embargo, termina siendo tanto de Luis como de su gran amigo Andrés Caicedo y, cómo no, de Cali. Porque Caicedo, el mártir de los cinéfilos, el joven escritor suicida de pelo largo, el crítico de Ojo al Cine, perfectamente podría no existir en la blogósfera pop si no fuera por Ospina. Él se encargó de que Caicedo no se perdiera. Él tomó el riesgo de que Caicedo pudiera opacarlo, quizás sintiendo que a veces en la vida, uno de los roles que pueden tocar es simplemente el de ser amigo de alguien que lo necesita. Unos pocos buenos amigos es la biografía oral y visual de un fantasma. De alguien que ya no está y que está en todas partes. Que ha tocado a todos esos caleños conscientes de que la cumbre de sus existencias ya pasó. Unos pocos buenos amigos funda y le da voz e imagen a Caicedo, sí, pero acaso es al mismo tiempo la cinta más personal de Ospina. Hay amistades y pérdidas que marcan y este film modesto es la prueba, es la marca, y nos hace sentir un poco tristes al captar que no todo el mundo tiene la suerte de tener un amigo como Luis Ospina.Etiquetas: Cuando me gusta un autor me obsesiono y leo todo, Recomendados
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